Por: Deyana Acosta M.1. La primera tiene que ver con una mirada profunda hacia al maquiavelismo al que hemos llegado como sociedad, donde se recurre a cualquier medio con tal de lograr un fin, así como un reflejo de lo que estamos viviendo a nivel nacional, las grabaciones de conversaciones privadas obtenidas por medios inadecuados que violan los derechos fundamentales como el derecho a la intimidad y son usadas sin ningún tipo de escrúpulos.
2. La segunda reflexión hace relación a la crisis de de liderazgo ético por la que atraviesa nuestra sociedad civil. Las conversaciones “chuzadas” entre reconocidos líderes de la ciudad, revelan unas reglas de juego que de pronto para muchos grupos de poder son usuales o comunes, pero que para el ciudadano común resultan impropias y dolorosamente dañinas.
En un contexto descentralizad, los grupos sociales deberían ser capaces de autorregular las reglas del juego de su democracia participativa. Es lo que Adela Cortina llama a los mínimos morales de las sociedades liberales modernas, pero parece que como grupo social todavía no hemos alcanzado la mayoría de edad. Todavía no hemos llegado a un acuerdo sobre nuestros mínimos morales, entre otras cosas, porque al existir un reconocido grado de corrupción en el manejo de los públicos, asumimos que al lado de esa degradación otros pecados no tan graves en lo privado se velen.
En un contexto descentralizad, los grupos sociales deberían ser capaces de autorregular las reglas del juego de su democracia participativa. Es lo que Adela Cortina llama a los mínimos morales de las sociedades liberales modernas, pero parece que como grupo social todavía no hemos alcanzado la mayoría de edad. Todavía no hemos llegado a un acuerdo sobre nuestros mínimos morales, entre otras cosas, porque al existir un reconocido grado de corrupción en el manejo de los públicos, asumimos que al lado de esa degradación otros pecados no tan graves en lo privado se velen.
Tal vez lo que ha pasado es una clara señal para que los gremios económicos y el empresariado Colombiano retomen un comprometido liderazgo ético y de responsabilidad social, entendida esta no como actos de generosos al turismo sino como una ejemplarizante autorregulación y el respeto a unas claras reglas cuando se enfrentan sus intereses particulares contra los intereses generales de la comunidad.
Por último valdría también la pena una reflexión sobre la escisión entre lo público y lo privado, por que actualmente hay muchos asuntos privados que son de interés público, y viceversa. Estamos en una época en que esa línea sutil es fácil cruzarla pero además cada vez es más difícil concebir un ciudadano dividido en dos naturalezas: una pública y otra privada. La tecnología en las comunicaciones nos lleva cada vez más a hacer público lo privado, por supuesto mediante u acto voluntario.Parece que el llamado es a la “Integridad”, es decir a guardar una coherencia entre lo que sucede en el despacho y lo que se hace domésticamente, esa va a terminar siendo la única forma de protegernos de esa psicopatía social que nos puede convertir en unos monstruos esquizoides para los cuales unas cosas es lo que hacemos para afuera y otras lo que hacemos para dentro.
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