27 de junio de 2009

¿Que Paz Estamos Buscando?

Por: Hernan Baquero Bracho.

Si sabemos mirar la violencia, no sólo la exterior en la sociedad como las guerras, los motines, los conflictos nacionales, sino también la nuestra, tal vez seremos capa­ces de trascenderla. La violencia ha sido un problema muy complejo, pues por si­glos y siglos hemos sido violentos~ las reli­giones en todas partes y en todas las épo­cas han tratado de domada, pero ninguna de ellas ha tenido éxito. Este problema de la violencia, ¿está aquí o allí? ¿Quiere us­ted solucionar el problema en el mundo exterior, o está indagando la violencia mis­ma tal como se personifica en usted? Ne­cesitamos comprender la violencia no como una idea, sino como un hecho que existe en el ser humano. Hemos experimentado la violencia en la cólera, la violencia en nuestros apetitos sexuales, violencia en el odio, creando así enemistades, violencia en los celos, etc.

Quién no la ha experimen­tado? ¿Quién no la ha conocido? y es nues­tra obligación comprender este problema en su totalidad, no meramente un fragmen­to: el que se manifiesta en la guerra, en las masacres, en el secuestro, en el hostiga­miento hacia los demás, sino esta agresión en los. Seres humanos, de los cuales formamos parte. La violencia no consiste simplemente en asesinar a otro. Hay violencia cuando usa­mos una palabra dura, cuando hacemos un gesto para echar a un lado a una persona, cuando obedecemos por miedo. De ma­nera que la violencia no es sólo la matanza organizada en el nombre de Dios, de la sociedad, de la patria, de un partido, de una ideología. Sino que la violencia es mucho más sutil, más honda. Y nosotros debemos investigar las verdaderas profundidades de la violencia. Cuando usted se señala a sí mismo como cristiano, musulmán. Budista, protestante, liberal, conservador, Uribista, de izquierda, europeo, americano u otra cosa, está actuando violentamente. ¿Sabe por qué eso es violencia? Porque se está separando de la humanidad restante. Cuando uno se aparta de otros por motivo de nacionalidad, creencia, o tradición, surge la violencia. Por eso los hu­manistas nos han dicho con gran acierto, que para intentar comprender la violencia un hom­bre debe despojarse de esas mezquindades, Y que uno de los más grandes escollos para de­jarla se debe a que siempre estamos presos en esos lazos fatales. Pero la pregunta que hemos propuesto es, ¿es posible erradicar la violencia en nosotros mismos? ¿Es posible a un ser humano, que viva en cualquier socie­dad, echar psicológicamente la violencia fue­ra de sí mismo? Si es posible, el mismo proce­so producirá una forma diferente de vivir en este mundo.

Es una realidad que hemos aceptado la violencia como una forma de vida. Ahí tenemos dos espantosas conflagraciones mundiales que nada nos han enseñado, excepto levantar más y más barreras entre los seres humanos. Y ahí está la violencia, Y lo que es peor, multipli­cada. Algunos, a fin de liberarse de la violen­cia, han usado un concepto, un ideal, y pien­san que teniendo ese ideal de lo opuesto a la violencia se pueden desembarazar del hecho pero la realidad cruda es que seguimos siendo violentos. Y así hemos tenido un sinnúmero de ideales; todas las tesis políticas, económi­cas y los mismos libros sagrados están llenos de ellos: sin embargo, aún somos violentos; entonces, ¿por qué no bregar con la violencia misma, olvidándonos de todo ideal o proyec­ción mental? Al fin y al cabo, el hombre real­mente serio, a quien le urge descubrir qué es la verdad de la violencia, no tiene proyección mental alguna; vive sólo en lo que es. Cuando alguien nos inspira aversión u odio, éste es un hecho aunque parezca terrible. Si se mira, si se examina completamente, el hecho cesa. Pero si se dice: «No debo odiar, debo tener amor en mi corazón». Entonces viviremos en un mundo hipócrita con patrones dobles. Pero si se vive completamente, plenamente, en el momento, en lo que se está descubriendo, es vivir con lo que somos, sin un sentido de con­denación ni de justificación. Entonces es tal la plenitud de la comprensión sobre el hecho, que este termina. Cuando vemos con claridad el problema se soluciona, porque estamos miran­do el asunto totalmente libre de ideologías.

Bueno, aquí hay una serie de afirmaciones, ¿las ha entendido en realidad? ¿Por qué esta pregunta? Porque su mente está condiciona­da, tiene su modo de vivir, tiene la influencia de la sociedad en que vive, y todo esto y mu­chas cosas más, le impiden mirar un hecho y verse libre de él total e inmediatamente. So­bre el quedar libre de la cuestión de la violen­cia usted podrá decir: «Lo analizaré, voy a considerar si es posible librarme o no de ella», o, «trataré ser libre de ella». No hay eso de tratar, porque ahí está permitiendo que inter­venga el tiempo mientras «la casa se quema». La casa está en llamas como resultado de la violencia en todo el mundo y en usted mismo; no obstante, usted dice: «Déjeme pensarlo, ¿qué ideología o qué acuerdo es más conve­niente para apagar el fuego? O, « ¿qué acor­damos para que cesen los secuestros, para extirpar las minas «quiebra patas», para sacar a la población civil del conflicto, para no invo­lucrar a los niños y adolescentes en la gue­rra? Cuando su casa está en llamas, ¿discute usted en cuanto al color de piel del bombero que va a traer el agua? Mientras se discute en la mesa de negociaciones de la paz, sobre cuál es la mejor fórmula que le conviene a la derecha o la izquierda. ¿Cuántos miles de muertos más debemos sepultar todavía? ¿Cuántos cientos de personas mutiladas más debemos ver por las minas "quiebra patas"? ¿Cuántos miles de familias más: deben sufrir con la tragedia del conflicto? ¿Cuántos miles de bebés huérfanos más deben padecer? No se sabe. Lo que sí se conoce es que hasta el momento la paz ha sido inaccesible, está lejos de concebirse en nuestro país. Mientras las ideologías primen sobre los intereses de la nación la paz no será posible. La paz social está lejos de la paz civil.

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