6 de diciembre de 2008

Nuestra Gente Villanuevera

Por: Didier Hernandez
En Villanueva, un suelito guajiro habitado principalmente por Escolares, Pequeños Agricultores y Ganaderos, Comerciantes, Transportadores, Obreros de Minas, Rebuscadores y Desempleados donde todos somos por necesidad Omnívoros, donde casi en el núcleo del pueblo queda la Plaza Principal, un Ovalo gracias a la fundación de una Base Militar se hizo prácticamente peatonal y en donde encontramos, además una Iglesia, una Tarima para eventos, una Gallera inconclusa y el Edificio de la Administración Pública, donde vemos ciertos sitios de restaurantes y vendedores de comidas donde resaltamos cuatro sitio espéciales como la plaza de mercado, la avenida principal diagonal a la policía nacional los Mangos y la casa de los guillen. La cual la comunidad Villanuevera en vísperas de navidad y otras festividades folclóricas y cultural se dirige ha estos lugares y sitio más adecuado de este Municipio, donde allí encontramos unas ricas arepuelas y a la vez con una deliciosa y refrescante avena fabricada por esa entrañable Señora Luisa Isabel Bolaños Rodríguez quien llevaba 48 años deleitando a la comunidad Villanuevera con su sabor que la caracterizaba. También encontramos la señora Carmen de Oro ya fallecida quien en unión con la señora Luisa Isabel Bolaños Rodríguez llevaba 45 años elaborando esas tradicionales comidas todos los años, ya fallecidas.

En la plaza de mercado encontramos a la señora Magolina Caballero de Oro hija de la señora Carmen de Oro quien lleva 13 años, encontramos también en la avenida principal a Nolida Acosta Bolaños hija de la Señora Luisa Isabel Bolaños Rodríguez donde en la actualidad lleva los mismos años fabricando esas exquicitas arepas de huevos y esa refrecante avena, Con esto cabe resaltar esa labor ardua de estas personalidades quienes hacen parte de nuestras tradiciones folclóricas y culturales de nuestro municipio y donde vienen trabajando todos estos años deleitando con esas exquisitas delicias desde que el gallo canta en las madrugadas villanuevereras. En muchas ocasiones, mujeres del pueblo y visitantes de otras partes, de la región llegan a deleitarse con estas delicias y pasar en familias y en grupos de amigos un rato agradable.

Por otro lado encontramos a una Señora amantes de la buena sazón y le gusta las comidas diferentes, pero sin salirse de sus raíces, deben probar un bocado de los pasteles de los hermanos Guillen, catalogado como los mejores de la región. La mano admirable de Clara Dulis Álvarez Guillen, quien le pone el toque secreto a estas comidas propias de la Costa Caribe Colombiana. Ella dice, que todo es muy sencillo, lo único que las cosas hay que hacerlas con amor y todo sale bien. Yo nací en medio de los pasteles, siempre vi a mi mamá haciéndolo, le ayudaba y esto lo heredamos de ella, después que falleció nos quedamos con el negocio, tengo 56 años y trabajo desde que era muy niña. Hoy tiene un núcleo familiar de 9 personas, que junto con su marido y sus 8 hijos mantienen la tradición de hacer los pasteles, que con el tiempo ya se han vuelto famosos entre los nativos y turistas que visitan el poblado.Son varios hermanos, pero la tradición de los pasteles, solo la siguieron dos: Freddy Álvarez Guillen quien vende pasteles todos los días, se anda todo el pueblo en una bicicleta, gritando, esta tarea la termina sobre las 10 de la noche, que en muchas veces termina más tarde. En cambio la señora Clara Dulis Álvarez Guillen, espera que sus clientes lleguen a su residencia “aquí viene todo el mundo, y al caer la tarde ya se han agotado. La gente los consume, en la cena y en muchas ocasiones les sirve como desayuno.”

Encontramos tambien a la Señora Nancy Luquez en un patio de una casa de ladrillos a la vista al que se accede a través de una puerta diminuta, con mesas y asientos eclécticos que crujen bajo el peso de algunos comensales. Cuando entré el ritual ya había empezado. Tres piedras hacían de fogón, una señora gordita, con la ayuda de un par de señoras más y eventualmente una jovencita, en torno a un caldero lleno de aceite hirviendo, amasaban, armaban, freían, despachaban, atizaban la leña, llevaban las cuentas y cobraban: pastelitos de carne, deditos de queso, papas rellenas, buñuelos y chichas rosadas. A un módico costo, la venta se colmaba de una embriaguez condensada, un tipo de atmósfera exótica que se zarandeaba al compás de múltiples súplicas. En el perfume del aire, mi nariz percibía la magia de la naturaleza. Todavía no había comido nada y ya estaba delirando, la voluptuosidad del aire embriagaba mis sentidos con algo parecido a la perfección. En medio de la multitud reconocí a personas con las que me saludé. No importaban las fuerzas que nos habían reunido en ese lugar a esa hora, para mí representábamos el éxtasis y la devoción que evoca todo creador en torno a su obra. En la efervescencia de la faena, las virtuosas se fusionaban haciéndose un pulpo al servicio del merendero. A pocas cuadras, en la plaza central, otros sabores exponían sus aromas. Menús convencionales, provenientes de afuera de las fronteras de la villa: pizzas, hot dogs, Coca colas, salchipapas, hamburguesas, etc. Mientras lo cocinado bajo el auspicio de Los Mangos, hablaba de hombres y de mujeres como nosotros mismos. El resultado, quienes lo han probado lo saben, es inspiración pura. Porque así como entre una masa frita está uno, entre la necesidad de alimentarse y la urgencia de crear.

1 comentario:

Anónimo dijo...
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